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Falleció Leonorcita de Muñoz, gran ejemplo de vida. Exequias este viernes a la 1:30 p.m.

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Mujer humilde y sencilla, pero de un gran emprendimiento y total confianza en Dios, características esenciales para haber sacado a sus 9 hijos adelante, de los cuales solo Felipe -y su esposo Rubén- ya están en la eternidad con ella.

Con el jornal que ganaba su esposo Rubén Muñoz no era suficiente para darles estudio y formación a sus hijos que Dios les regaló: Magdalena, Humberto, Enrique, Gloria, Alba, Edgar, Pablo y María. Quizá por eso los dichos siempre estuvieron en su boca: ¡A Dios rogando, pero con el mazo dando!; así fue como Leonor Sánchez de Muñoz, decidió colocar un punto de venta de dulces y tinto para las personas que salían de la Misa, en la vereda Casablanca de Cogua – Nemocón.

“Yo empecé vendiendo mis dulcecitos, después huevitos, iba hasta Chiquinquirá a traer bocadillos… desde Bogotá la comadre Obdulia me traía el pan y así inicié con mi tienda. Cuando ya nos venimos a vivir a Zipaquirá coloqué un negocio más surtido y canchas de tejo y ahí poco a poco, con eso les pude dar estudio y sacarlos adelante. No crean que todo cae del cielo… al que madruga Dios le ayuda… así que mis hijitos, uno puede estar sentado encima de la plata y ni cuenta se da… hay que estar con los ojos abiertos… Dios dijo, ayúdate que yo te ayudaré…” nos contaba siempre nuestra madre, recordando sus historias.

Fue una trabajadora incansable porque tenía claro que ¡No hay que perder el cuarto de hora…!, y por su exquisita sazón, era contratada para piquetes; sus empanadas eran apetecidas, igualmente sus delicias navideñas. “Uno no tiene que tener pena ni vivir del qué dirán, eso sí, pena de ir a robar o hacer lo que no se debe…” nos decía y por eso no temía ir a los bancos, entidades o sus amigas a llevarles deliciosos envueltos y otros productos con los que de peso en peso construyó su nueva casa. “Mijos, yo le doy gracias a Dios porque él me regaló esta casa bonita y muy segura, pero nada en la vida es gratis; si uno trabaja con honorabilidad y se gana el pan con el sudor de la frente, Dios siempre le va a dar más de lo que uno le pide”, dijo siempre Leonorcita.

Era consciente que el amor de madre es clave para un hijo sacerdote, por eso siempre que tuvo salud, inclusive después de los 80 años, no dudó en viajar sola a los municipios del Cesar o Valledupar para visitar a su hijo Enrique y compartir con él, quien ahora este viernes presidirá las exequias. “Todos son mis hijos, saben bien que como he podido, a todos los he ayudado en su momento…”

Obviamente, tenía su genio y como persona proactiva era de carácter fuerte, sin pelos en la lengua. Era una defensora de la autoridad que deben tener los padres y que tanta falta le hace a la sociedad moderna, por eso fácilmente decía: No es que aquí lo puse y no aparece … porque las cosas son como son y a mí me respetan…

Quienes la conocieron saben que era una excelente conversadora, hablaba y seguía hablando… quizá de ese don de la palabra nació Gente Activa, de hecho para mi grado de periodista, su regalo fue mi primera cámara fotográfica con la que se cubrieron innumerables eventos de Zipaquirá y la región; luego del paso a la radio y ahora a las redes sociales, gracias a ese legado de mi madre, este medio sigue al aire.

Qué gran ejemplo y enseñanzas nos dejó. Pero sin lugar a dudas, la Fe en Dios y sus mandamientos serán siempre nuestra mayor herencia.

Su velación se cumplirá en el Complejo Funerario 50 años Parque Cementerio, sala Homenaje (Calle 4 No 28 – 75 frente al barrio Las Villas), el jueves desde las 9:00 a.m hasta las 7:00 p.m. y el viernes de 9:00 a.m. a 1:00 p.m. Las exequias se efectuarán este viernes 21 de junio a la 1:30 p.m. en la Catedral Diocesana de Zipaquirá.

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